En el mundo del tratamiento térmico, la diferencia entre una pieza de alto rendimiento y un residuo industrial se mide en grados. Ya sea en procesos de temple, revenido, nitruración o recocido, la temperatura no es solo un parámetro: es el factor que define las propiedades mecánicas finales del material.
En este artículo, analizamos por qué contar con sistemas de registro y regulación de alta precisión no es un gasto, sino la inversión más crítica para la rentabilidad de tu planta.
1. El impacto real de las desviaciones térmicas
Cuando un horno industrial se desvía apenas unos grados de su punto de consigna (setpoint), las consecuencias químicas son inmediatas. Una temperatura demasiado baja puede impedir que se alcance la estructura molecular deseada (como la transformación en austenita), mientras que un exceso de calor puede provocar un crecimiento de grano excesivo, fragilizando el componente.
El coste del error incluye:
2. La cadena de precisión: Del sensor al registrador
Para garantizar la calidad, no basta con tener un buen horno; se necesita una cadena de medición íntegra. En Mesel entendemos que la precisión depende de tres pilares:
- 1El Sensor (Termopar): Debe ser el adecuado para el rango de trabajo y estar libre de degradación por contaminación.
- 2El Regulador (Control PID): Un control proporcional-integral-derivativo bien configurado elimina las oscilaciones y estabiliza la temperatura frente a perturbaciones.
- 3El Registrador: Es el «notario» del proceso. Debe capturar los datos con alta resolución para detectar cualquier anomalía que un sistema visual simple pasaría por alto.
3. Cumplimiento normativo y auditorías (AMS2750 y CQI-9)
Hoy en día, trabajar para sectores como el aeroespacial o la automoción exige cumplir con estándares de calidad extremadamente rigurosos.
Las normativas como la AMS2750G exigen pruebas periódicas de precisión del sistema (SAT) y de uniformidad de temperatura (TUS). Los registradores de temperatura de Mesel están diseñados específicamente para facilitar el cumplimiento de estas auditorías, garantizando que los datos sean inviolables, precisos y fáciles de exportar.
4. La transición al registro digital: Adiós al papel
Muchos procesos aún dependen de registradores de papel. Aunque funcionales, presentan riesgos: el papel puede dañarse, la tinta puede borrarse y la búsqueda de un dato histórico es una tarea lenta.
Los registradores sin papel (Paperless Recorders) ofrecen:


